IVº Domingo de Cuaresma, 22 de marzo de 2009

viernes, 20 de marzo de 2009
Nuestro camino: la luz de Dios
“El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas”

Iº lectura: II Cro 36,14-16.19-23; Salmo: 136; IIº lectura: Ef 2,4-10; Evangelio: Jn 3,14-21


El tema de las lecturas en este domingo se podría sintetizar así: “la luz vino al mundo”. A ella corresponde la fe, la actitud de la vida que se renueva no por obra nuestra, sino por el don de Dios. En la primera lectura el amor de Dios se sirve también de los eventos históricos para mostrar al pueblo su fidelidad. También la segunda lectura subraya la misericordia y el amor de Dios: somos obra de sus manos. En el Evangelio la acción salvífica tiene como protagonista al mismo Jesús. Es Nicodemo el símbolo del hombre salvado. Él intuye que Jesús es la luz que puede iluminar a los hombres. Nosotros, como Nicodemo, como el pueblo de la antigua alianza, estamos en la noche…

Jesús es el don que Dios nos da…

Si estamos en la noche es porque presumimos poder hacer las cosas sin Dios; estamos en la noche cuando vivimos en la idolatría, cuando la vida nos sucumbir con tristezas y desgracias, las cuales inmediatamente las atribuimos a Dios, cuando excluimos a quienes no piensan como nosotros, cuando el egoísmo invade nuestro corazón. Jesús es el don que tenemos por parte de Dios. Él es la luz que vino a iluminar las noches de nuestras vidas. Quien cree en Él se salvará. El mal gracias a la muerte y resurrección de Jesús, no vencerá ni nos hará daño, por lo que debemos creer y alimentar en la oración nuestra fe. Ella nos hará sentir en comunión con el maestro y con todos nuestros hermanos que participan ya en la comunión de los santos. La luz es la guía de nuestro camino, es lo que hace menguar la oscuridad que nos aleja de Dios y no nos permite avanzar en la vida espiritual. Cada día es una ocasión propicia para tener detalles de amor con Dios a través de nuestra vida espiritual. Ello conlleva a tener una predilección especial por los pobres y excluidos, por aquellos que viven en la oscuridad, por todos y cada uno de los hombres y mujeres que buscan justicia, pero que en muchos casos se nos olvidan dejándolos de lado por atender otras cosas e intereses. Sigamos la luz de Dios, vivamos en nuestra familia y comunidad el deseo de caminar siguiendo la luz que Él nos da, solidarizándonos con los que necesitan amor, paz y tranquilidad.María, una luz en nuestro caminoMaría Santísima es la madre de la luz y, a la vez, es luz que guía nuestro camino, nuestra vida, nuestro corazón. Acudamos fielmente a ella y a través de su amor, sigamos esa luz que nos viene de Dios para ser reflejo de su vida en nuestros hermanos. Así sea.
P. José Lucio León Duque

IIIº Domingo de Cuaresma,15 de marzo de 2009

viernes, 13 de marzo de 2009
La casa de Dios es nuestra casa…

Iº lectura: Ex 20,1-17; Salmo: 18; IIº lectura: Icor 1,22-25; Evangelio: Jn 2,13-25

La renovación de la vida pasa a través de la recepción de los sacramentos y la experiencia en el Señor. En esta perspectiva se nos presenta una oración propicia para este día: “danos la Sabiduría de la cruz”. La primera lectura nos recuerda la alianza de Dios con Moisés y el pueblo, alianza que nos compromete y nos ayuda a permanecer fieles al pacto. En el Nuevo Testamento la Ley de Dios no se nos quita, sino que se lleva a cumplimiento y plenitud. En la segunda lectura, San Pablo nos anuncia que la nueva ley es Cristo, crucificado por los hombres y revelado como fuerza y sabiduría de Dios. El Evangelio nos deja claro los tiempos nuevos que estamos llamados a vivir. Se nos recuerda la importancia de cuidar el Templo, haciendo de él un lugar propicio para relacionarnos con Dios y con nuestros hermanos, sin convertirlo en otra cosa que nos aleje de Dios.

Palabras de vida, templo de Dios…
El “decálogo” va observado con una delimitación clara: representa a Dios, es su misma palabra que viene entregada a Moisés. El decálogo se destina a todos los hombres para ser cumplido, tener conciencia de nuestra condición y cómo debe ser puesto en práctica. En la medida que el discípulo de Jesús cumple con su misión, se nos recuerda que ella es la vía a seguir sin excepción. En Cristo crucificado, San Pablo nos muestra lo que el cristiano debe sentir y vivir según lo pre-establecido por Dios y San Juan muestra el sentido profundo del Templo y lo que Jesús nos quiere demostrar a través de ello. Cada cristiano debe cultivar el sentido de pertenencia a la Iglesia, tanto al Templo como al pueblo santo de Dios del cual se forma parte. Una de las cosas que se deben promover es el cuidado de las edificaciones, mantener la dignidad y el decoro de las mismas, así como el deseo de orar incesantemente para ser cristianos practicantes y no solo de palabra. Es necesario inculcar en los fieles el hecho mismo de ser parte de la Iglesia, a través de la experiencia de vivir en ella, manteniendo ante todo el deseo de progresar y extender el mensaje del Evangelio de la verdad. El culto que se da a Dios necesita un lugar y en este día, Jesús nos enseña que cada corazón es templo y de allí podemos dar culto en el templo material. Nosotros predicamos un Cristo crucificado y resucitado, y es Él quien hace un gesto de liberación, pidiendo con autoridad dejar la Casa de su Padre para la oración, sin convertirla en un mercado…esa enseñanza es lo que nosotros debemos transmitir y vivir como catequesis cotidiana, manifestada en detalles de amor a través de obras de caridad hacia Dios, hacia nuestro prójimo -sin exclusión- y hacia nosotros mismos.

María, madre y maestra de oración
Nuestra Madre del Cielo nos enseña a ser perseverantes en la oración. Ella misma, siendo sagrario de Dios, nos da ejemplo de dignidad, respeto y vida espiritual ante la presencia de Él en nuestra vida. Sigamos su testimonio y hagamos de nuestra vida, templos vivos decididos a proclamar la Palabra de Dios como testigos fieles de la Misión que tenemos como cristianos. Así sea.

Comprometámonos como discípulos de Jesús a atraer más fieles a nuestros templos. Llevemos el Evangelio a todos y anunciemos sin temor la Palabra de Vida que Dios nos da. La Iglesia nos espera, no lleguemos solos ni con las manos vacías…

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com

IIº Domingo de Cuaresma, 8 de marzo de 2009

viernes, 6 de marzo de 2009
Escuchemos al Hijo predilecto…
“Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”

Iº lectura: Gen 22,1-2.9-13.15-18; Salmo: 115; IIº lectura: Rom 8, 31b-34
Evangelio: Marcos 9, 2-10


Escuchar a Jesús, el hijo predilecto: es la invitación que Dios dirige hoy a los creyentes. Representa en cierto modo el tema que la liturgia nos regala y propone. La primera lectura nos presenta un ejemplo del creyente capaz de escuchar la voz de Dios. En la figura de Abraham, encontramos el modelo de nuestra fe. Ella se apoya en el don que Dios nos ha dado. En la segunda lectura San Pablo nos recuerda que a través de Jesús, Dios está de nuestra parte y es la vía a seguir.

Confianza plena en Dios
Partiendo de la figura de Abraham, símbolo de un pueblo aliado con Dios, podemos constatar la importancia de fiarnos totalmente a su Palabra. Esta palabra se ha revelado en plenitud en la persona de Jesucristo. Él es nuestra vida, la sabiduría, la lámpara que Dios ha colocado para guiar nuestros pasos, la luz para nuestros días, la estrella de cada mañana que nos acompañará a la transfiguración total en luz plena de la mañana sin ocaso. Es por ello que con Él debemos hablar, escucharle, dialogar en la oración y a partir de allí, podemos seguir un itinerario en el cual cada uno de nosotros tiene la misión de verificar la centralidad de la Palabra de Dios en la propia vida. Esto nos ayudará a tomar conciencia de las propuestas que cada día surgen en el corazón de hombres y mujeres que necesitan dialogar con Dios para obtener una respuesta. Jesús se manifiesta, se presenta en su magnificencia y se hace presente con humildad y sencillez en el alma de todo aquel que da su disponibilidad a la conversión. Este domingo, especial para todos, nos da la posibilidad de ver en Jesús la fuente de la que brota la confianza que debemos tener en Dios, la esperanza de la presencia continua del Espíritu y la certeza de poder transmitir el mensaje del Evangelio a todos y en todas partes.

María, madre de luz
El camino hacia la pasión, muerte y resurrección de Jesús, se ve acompañado por nuestra madre del Cielo. Es necesario dejarnos amar y proteger por ella. Seamos buenos hijos e invoquemos siempre su maternal protección. Así sea.

Encomendamos a los corazones de Jesús y de María, el ministerio episcopal de Mons. Jorge Aníbal Quintero, obispo de Margarita. El Espíritu Santo guie sus pasos y le de sabiduría en cada momento de su vida.

P. José Lucio León Duque
joselucio70@gmail.com